Desigualdad social

Cuando usamos el término “desigualdad” generalmente lo hacemos dándole el sentido de algo opuesto a la igualdad. Sin embargo, casi siempre lo hacemos desde un punto de vista negativo, es decir, no damos a la palabra desigualdad el significado de diversidad, sino que con ella nos referimos generalmente a una falta de equilibrio entre dos o varias cosas.





Al hablar de desigualdad solemos referirnos a la que denominamos “desigualdad social”, es decir, la relacionada con la imposibilidad de una importante parte de la población de poder acceder al mismo estilo de vida que el resto o incluso a los recursos considerados como imprescindibles para una vida digna.

Entre los seres humanos existen, por supuesto, un gran número de desigualdades, y cada uno es desigual respecto al resto. Sin embargo, al igual que existen algunas consideradas por todos como normales y lógicas, existen también otras consideradas como injustas o indeseables, lo cual ha sido motivo de luchas y enfrentamientos a lo largo de los siglos, buena parte vigentes aún en nuestros días. Sería el caso, por ejemplo, de la desigualdad racial, o de la exagerada desigualdad de salarios.

Las desigualdades sociales muchas veces alcanzan tales extremos que llegan a ser auténticas violaciones de los derechos humanos. Como ejemplo de desigualdades extremas en el mundo podemos citar, entre otras, las escandalosas diferencias entre millonarios y pobres, la existencia del trabajo precario consentido e incluso aplaudido por muchos gobiernos, la desnutrición y mortalidad infantil en los países del Tercer Mundo, el aumento de jóvenes que ni estudian ni trabajan y que no son debidamente preparados para ello, la injusticia fiscal, la brutal desigualdad de ingresos o la concentración del poder político, que lleva demasiadas veces a la corrupción.

La mejor manera de combatir la desigualdad probablemente sea convertir en realidad la igualdad de oportunidades. Es decir, crear las condiciones necesarias para que todos tengamos la posibilidad de partir de un mismo punto inicial, aunque posteriormente, como es lógico, vayan surgiendo diferencias dependiendo del esfuerzo o la capacidad de cada uno de los individuos.

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